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Mañana empieza hoy, el reto de impulsar la alternativa en Castilla y León

Artículo de Carlos Serrano, candidato a la Asamblea de IUCyL

Reflexión con motivo del actual proceso asambleario de IU Castilla y León donde podéis encontrar toda la información.  Carlos Serrano es secretario provincial del PCE Segovia y coordinador de IUSegovia.

Castilla y León es una tierra acostumbrada a perder. Pierde población, jóvenes, servicios, industria y capacidad para decidir sobre buena parte de la riqueza que genera. Pero no es una tierra sin recursos ni posibilidades. La cuestión no es solo qué tenemos, sino quién decide sobre ello, quién se apropia de sus beneficios y quién carga con sus costes.

No todas las personas viven de la misma manera la precariedad, la despoblación, la crisis de la vivienda, la transformación energética o los cambios productivos. Hay quienes poseen, quienes deciden y quienes trabajan. Y esa realidad sigue atravesando nuestra sociedad, aunque a veces la izquierda haya dejado de nombrarla.

La clase trabajadora no es un mito del pasado. Es quien construye las condiciones materiales del presente y quien sufrirá con mayor dureza las consecuencias de las decisiones que tomemos hoy.

Desde ahí adquieren sentido la reindustrialización pública, la planificación democrática, la soberanía energética, una banca pública, una investigación orientada al interés colectivo, la vivienda entendida como un derecho y unos servicios públicos capaces de garantizar que nadie tenga que marcharse para poder vivir dignamente.

Defender Castilla y León no puede significar administrar su declive. Significa decidir qué modelo productivo queremos, al servicio de quién debe estar y qué poder democrático necesitamos para hacerlo posible.

Recuperar la izquierda

Es en esta realidad donde Izquierda Unida de Castilla y León tiene que preguntarse qué quiere ser. Los resultados de 2026 nos obligan a hacer esa reflexión sin excusas, sin buscar refugio en las dificultades externas ni convertir nuestros errores en una consecuencia inevitable de las circunstancias.

Y debemos hacerlo en un momento marcado por la incertidumbre. La derecha y la extrema derecha ofrecen miedo, repliegue y la defensa de un orden que presenta como inevitable lo que en realidad responde a relaciones de poder. Ante ello, la izquierda tiene que decidir desde dónde responde: si se limita a conservar lo existente y gestionar sus límites o si recupera la iniciativa para transformar las condiciones que los producen.

No tenemos una receta cerrada ni todas las respuestas. Tampoco se trata de sustituir unas certezas por otras. Se trata de decidir hacia dónde orientar nuestra acción política: dónde queremos estar, qué intereses queremos representar y qué capacidad colectiva necesitamos construir para transformar la realidad.

No se trata, por tanto, solo de trazar una hoja de ruta para las próximas elecciones. Se trata de algo más profundo: abordar un proceso de análisis crítico y reflexión colectiva que nos permita reconstruir un proyecto político con capacidad para intervenir en la realidad, organizar a quienes quieren transformarla y volver a hacer de la izquierda una herramienta útil para la clase trabajadora.

Volver a estar donde ocurre la vida

La izquierda no recuperará su fuerza únicamente desde las instituciones. Tiene que volver a estar presente en la vida cotidiana de la clase trabajadora: en los centros de trabajo, en los barrios y en los pueblos; en la defensa de los servicios públicos y en las luchas por la vivienda; en el campo y en cada conflicto donde alguien descubre que un problema que parecía individual tiene, en realidad, una causa colectiva.

Hacer política no es únicamente administrar las consecuencias de la realidad. Es intervenir sobre sus causas y construir capacidad colectiva para cambiarlas. Es volver a disputar aquello que nos dicen que es inevitable.

Cuando la izquierda se limita a gestionar mejor lo existente, termina aceptando sus límites. Cuando es capaz de organizar el conflicto social, una reivindicación concreta puede convertirse en conciencia colectiva y abrir un horizonte diferente.

La unidad que necesitamos

Esta discusión atraviesa también la política de alianzas. La unidad de la izquierda no puede reducirse a una fórmula electoral ni construirse sobre la desaparición de las identidades políticas que la componen. Necesita contenido, organización y objetivos compartidos.

La unidad popular se construye desde abajo: en las luchas laborales, en el sindicalismo, en el feminismo, en la defensa del territorio, en el ecologismo, en el municipalismo, en los barrios y en los pueblos. Se construye generando confianza y demostrando que juntas y juntos podemos modificar las condiciones concretas de nuestra vida.

No se trata solamente de sumar siglas, sino de sumar pueblo organizado y capacidad de transformación.

Y para contribuir a esa unidad, Izquierda Unida necesita fuerza propia, iniciativa y capacidad de intervención. No para encerrarse en sí misma, sino precisamente para aportar un proyecto político reconocible a un espacio común con contenido y objetivos compartidos.

Organizar la esperanza

La esperanza no consiste en esperar que las cosas cambien. Consiste en crear las condiciones para poder cambiarlas.

Está en un pueblo que lucha por conservar su escuela, una joven que quiere quedarse en su tierra. En una familia que reclama una vivienda que pueda pagar quienes trabajan y saben que la riqueza que producen debería servir también para construir su futuro. En quienes cuidan y sostienen cada día una sociedad que demasiadas veces hace invisible ese trabajo. Ahí está la política.

Castilla y León no está condenada. Su futuro tampoco está escrito. Disputarlo exige una izquierda valiente, que vuelva a hablar de clase sin complejos, que organice el conflicto social, que recupere la iniciativa y que demuestre que las cosas pueden hacerse de otra manera.

Una izquierda que no se conforme con administrar el presente, sino que se organice para transformar el futuro.

Artículo de Carlos Serrano, candidato a la Asamblea de IUCyL

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